28.2.08

¡Que no se enfríe mi amor!

A veces siento que tengo que entregar más de lo tengo. Pero olvido que no estoy sólo, y que la fuente del amor es Dios.
Soy una moneda en su bolsillo, para que me gaste como Él quiera... Pero ¡¡¡¡Enciende el fuego de nuevo en mi corazón!!!! y ¡¡¡¡Dame fuerzas para continuar!!!!



Don't let my love grow cold
I'm calling out

Light the fire again
Don't let my vision die
I'm calling out
Light the fire again

You know my hearts, my deeds
I'm calling out
Light the fire again
I need your discipline
I'm calling out
Light the fire again

I am here to buy gold
Refined in the fire
Naked and poor
Wretched an blind I come
Clothe me in white
So I won't be ashamed
Lord, light the fire again

© Brian Doerksen / Vineyard Publishing 1994

24.2.08

Tierra de Campeones

Yo no conocía el norte. Cuando pensaba en el solo se me venía a la cabeza calor, desierto y La Tirana.

Fui con un grupo de mi iglesia a un viaje misionero... y francamente el solo pensar en trabajar y tener que estar con gente, sintiendo un calor sofocante me hacía dudar a veces sobre si ir o no. Llegué a Iquique y me sorprendió que a pesar de que hacía calor, era agradable, y no sofocante como el calor de Santiago qu te hace sentir como adentro de un horno. Recorrí la Zofri, la Playa Cavancha, la Plaza Prat, la Plaza Condell, el Paseo Baquedano, etc. maravillándome cada vez más del poder estar allí sin extrañar Santiago, mi amada ciudad.

Alto Hospicio es raro, no tiene la forma de una ciudad común: no tiene un centro y barrios muy definidos. Son casi puras casas, y es en verdad el lugar donde viven las personas que trabajan en Iquique. Pero eso de subir y bajar de una ciudad a otra, me encantó. Así descubrí que el norte no es tan caluroso como lo pintan.

Algunos días después fuimos a los pueblos del interior. El primero que visitamos fue Pachica... y me enamoré de este pequeño pueblo. Su calle más importante se llama Avenida Comercio, y no pasa de ser más que un corto caminito de tierra con una pequeña parte con ladrillos de cemento en el piso. Sus cerros; su gente; su río; sus chacras; sus negocios; sus helados; su cementerio; sus animales; su aroma; sus viejas casas de ladrillos de adobe, destruidas por el terremoto del 2005; las nuevas casas que la gente con mucho esfuerzo ha levantado, entre otras cosas, hicieron que mi corazón se inflamara por este pueblo.

Mi Alto Hospicio - Mi Iquique - Mi Pachica - Mi Chusmiza - Mi Laonzana - Mi Uscuma - Mi Tarapacá

¡MI NORTE!

David Rodríguez

7.2.08

Pancho Paz

Desde que tengo uso de razón que conozco al Pancho Paz... Y desde que tengo memoria que lo odio.

La historia de este oscuro personaje es muy larga y complicada para contarla en este momento; además no quiero envenenarlos con mis viejos rencores; ni hablar mal de alguien, con comentarios subjetivos.

Voy a ir al grano: A mis tíos, mis primos, y casi toda la familia, les sucede algo raro cuando empiezan a hablar y rememorar las cosas que hizo Paz. Su forma de hablar de él, y las historias que cuentan fueron calando en mí, y sin darse cuenta ellos me transmitieron toda su rabia del pasado. Me fui dando cuenta que al hablar acerca de él, o tan solo escuchar su nombre, se me encendía algo en pecho que me comenzaba a quemar por dentro. Yo no sabía porqué, pero siempre que estaba muy enojado, me imaginaba el rostro de Paz, e inconscientemente le deseaba mal.

Me di cuenta que tenía que sanar todo eso podrido que tenía dentro, porque yo era el único perjudicado con todo aquello. Sabía que tenía que perdonarlo... pero el problema es que no sabía de que perdonarlo, porque en verdad, a mi no me había hecho nada. Tendía a inventarme yo mismo historias de cosas que había hecho él, así que partiría por perdonarlo por esas historias falsas, que yo ya no podía distinguir de la verdad.

A medida que fue pasando el tiempo, me di cuenta de que ya no lo maldecía cada vez que me pasaba algo malo, ni lo culpaba de mis problemas. Estaba más feliz y relajado, dejando poco a poco atrás mis rencores absurdos. Descubrí que el perdón de verdad sana. Aún quedan cosas viejas en mi, que de cuando en cuando intentan recordar mi antigua rabia, pero perdonar es un decisión.

Hoy en día, podría encontrarme con el Pancho Paz por la calle, y saludarlo con la conciencia limpia y darle la mano sin ser un hipócrita. Y talvez, algún día pueda decir: ¡Te quiero Pancho!

David Rodríguez